martes, 2 de agosto de 2016

El "holandés de los ojos verdes" de S.M.A.T.A. otro crimen impune

Dirigentes sindicales acusados de pactar con las patronales de espalda a la masa
de los trabajadores de base, hubo siempre. Acusados, con o sin razón, de "traido-
res" a la causa, estamos hartos de leer, todos los días, en los diarios ¿no es así?
Muy bien, pero de ahí, a que un sector se atribuya el poder de matar a sangre fría
a un sindicalista, es ya otro asunto. Es un acto de barbarie, lisa y llanamente un
crimen. Claro que la línea que separa una y otra acción, en los convulsos años '70
estaba difusa, o tal vez era una línea borroneada, permeable según de que lado se
la miraba...
Captura de pantalla del discurso del gremialista en un acto, disponible en You Tube.


Hoy les voy a contar la historia de un dirigente sindical de los hoy denominados
"acuerdistas", un gremialista fuera de época, un visionario, que creía en la voluntad
de dialogar, consensuar, más allá de las fogosas palabras que "se debía" emplear en
los mitines, para apacigar a esa (eterna) facción de inconformistas que todo sindicato
que se precie de tal sabe tener en sus filas.

Cuando Dirck Henry Kloosteman (nacido un 18 de marzo de 1933) se recibió de Ing.
mecánico en la Univ. de La Plata nunca imaginó que alguna vez sería sindicalista y
delegado de los trabajadores argentinos ante organismos internacionales. Recién en
1962 y no muy convencido, se afilió a S.M.A.T.A. el gremio de los mecánicos y de
los trabajadores de la -por aquellos tiempos floreciente- industria automotriz.

Dos años después, se interesó por el movimiento sindical, y apenas un año después
(1965) fue electo delegado y miembro de la "Comisión Interna de reclamos" de IAFA-
Peugeot. El ascenso del "holandés de los ojos verdes" fue fulminante. Así lo describen
las crónicas de la época, con calificativos como éstos: "Alto, rubio, de voz grave y
pausada, y ese gesto imperturbable propio de los grandes hombres".

En 1966 entró a la comisión directiva tras la votación, en carácter de vocal, y dos años
más tarde (1968) ya estaba al frente del sindicato entero. Pero para entender esto,
forzosamente debemos trazar un intento de panorama, introducir esta historia dentro
de los convulsionados fines de los '60, principios de los '70. Sí, época del "Cordoba-
zo" , "Viborazo", etc.   sin miedo a quedar atrapado en el pendular movimiento de la
acción- consecuencia. Aún a cuesta de algún que otro error de interpretación o
semántico, del cual ningún autor está exento. lo resumiríamos así.

S.M.A.T.A se fundó en 1940, bajo el impulso del ascendente Coronel Perón, ministro
de la dictadura y posteriormente General y presidente constitucional. Tenía pues, de
nacimiento la impronta peronista..."se ajustó al modelo sindical propuesto por el Gene-
ral Perón", a sabiendas de aquella máxima que nadie repetía en voz alta pero que cada
trabajador tenía grabado entre ceja y ceja al llegar a una fábrica: "Los sindicatos son
de Perón".

Todos hemos escuchado hablar de esa enorme masa de provincianos que emigraron a
Buenos Aires, la "tierra prometida" donde abundaba la demanda de mano de obra. Y
la oferta de las automotrices eran una de las más atrayentes.

Ahora bien, el General benefactor huyó a España y los "dictadores" (militares) fueron
despojando al obrero uno por uno de los derechos adquiridos. Ergo: eran una caldera
a punto de entrar en embullición, a fines de los '60. Y toda la burocracia sindical, y los
políticos (sobrevivientes en su trinchera o exiliados) bien lo sabían. Ese descontento
era el caldo de cultivo perfecto.

En la época del ascenso de Kloosterman, la izquierda iba ganando terreno en los
grandes sindicatos del Gran Buenos Aires y fundamentalmente, de Córdoba. (Sitrac,
Sitram, Fiat, Perkins, Ika-Renault, Peugeot, General Motors, etc.)

Se iban eligiendo "delegados de base" clasistas y animosos, que discutían con las
patronales, los problemas más urticantes, como los horarios de trabajo, los ritmos
de producción, etc. (la hoy mal llamada "productividad"). Decidían de manera
expedita en asambleas, emprendían conflictos que incluían tomas, rehenes,
enfrentamientos con la policía... se aliaban sin preámbulos con trabajadores de
otros gremios y con combativos estudiantes.

En ese contexto llega Dirk Henry a la dirección de uno de los sindicatos de "peso
pesado" en la C.G.T. (que a su vez tenía su propia interna, Rucci  vs. Tosco) o
de los hoy denominados "gordos" de la C.G.T.

Su lugarteniente, como si fuese una película norteamericana de gángsters, era un
perito contable: José Rodríguez, "el gordo Rodríguez" que compartiera con él las
grandes letras de la boleta azul y blanca en las elecciones del sindicato.

Héctor "Laucha" Ríos fue un piloto que con esta Chevy amarilla en 1974 compitió 
en el popular TC, llevando en el parabrisas un homenaje a Kloosterman.



Ninguno de los dos era demasiado popular entre los trabajadores del gremio. Dirk
Henry había sido "toma tiempos", es decir el elegido por la Peugeot para que le
controle a sus pares "los tiempos y ritmos de trabajo en la fábrica (y probablemen-
te, aumentarlos)" *

Rodríguez, por su parte, era Contador auxiliar en la Deutz. Sabido es que los trabaja-
dores rasos miran con malos ojos a los "chupamedias de la patronal". Incluso algunos
autores van más lejos aún, al no considerar a D.H.K. "ni mecánico, ni mucho menos
obrero" (1) es más, le objetaban que "jamás agarró una soldadora" o alguna otra
herramienta para la foto, al estilo del polaco Lech Walesa en los '80, o de "Lula"
Da Silva un poquito más cerca.

En esos clásico murmullos de entrecasa, circulaban esos comentarios filosos tipo
"llegó (a secretario general) porque una mano negra reventó las urnas, es un nene
mimado de los milicos"...eran los tiempos del inflexible dictador Onganía.

Por desgracia, Kloosterman abrevó en las turbias aguas de la convocatoria del
general que usurpó el sillón presidencial mediante un golpe de estado. Para los
"duros" del sindicato, era un "intervencionista" en referencia a llamado del
gobierno de facto para la "renovación" de los sindicatos, aunque hoy sabemos
que la palabra más correcta hubiese sido "pacificación" (de los sindicatos).

Se asegura que era en realidad un acuerdo entre los militares y los empresarios de
las automotrices, para perseguir, solapadamente o no, a los opositores. Ése fue el
germen del mote de "traidor" que se le endilgaría a D.H.K.

El mote se "contagió" cuando D.H.K. pactó durante su gestión los llamados "quita
zonales", disminución salarial que afectaba a los trabajadores que no residían en
Buenos Aires.

Para colmo de males, él cavó su propia fosa en una fallida frase a la salida de una
de las tantas reuniones de sindicalistas "auspiciadas" por el gobierno, cuando
expresó: "Nunca me puse la camiseta de peronista".

El resultado de las reuniones no podía ser otro..."Cada conflicto terminaba con
cientos de despedidos (N.de R. una verdadera purga) cualquier parecido con la
actualidad no es mera coincidencia, la mayoría de los despedidos eran activistas
u  "opositores"" (2)

Entiéndase bien. Virtualmente, "la izquierda peronista" que emergió victoriosa
(o  por lo menos fortalecida, orgullosa de sus cicatrices) del Cordobazo, del
Rosariazo, etc. fue ganando espacio en los sindicatos, y por supuesto, S.M.A.T.A.
no fue la excepción.

Y hay que tener en cuenta que después de los grandes enfrentamientos ya citados,
los sindicatos recibieron miles de solicitudes de afiliación. Ya nadie quería
permanecer indiferente.

No solamente cuestionaban al gobierno militar, se animaron a mucho más, a
desafiar todo el orden capitalista. Es curioso poder volver a ver el periódico
partidario "El descamisado" (era mucho más que un pasquín impreso a cuatro
colores en papel glasé, oficiaba de voz de mando) en cuyo primer número,
aparece una curiosa nota "despidiendo" al dirigente: "Henry Dirck Klooster-
man (sic) está haciendo las valijas, porque sabe que se avecina una época de reti-
ros" (3)

Anticipaba sin rodeos la presentación de su renuncia, el ascenso de Rodríguez al
máximo cargo del sindicato, y la partida de D.H.K. del país, pues supuestamente
"le aguarda(ba) un futuro en Nueva York o en Ginebra, con un sueldo de dos mil
dólares mensuales"..."como premio a tres años de gestión y setentay nueve viajes
por países del mundo" (4) como podemos ver la descalificación pública no es arte de
nuestros tiempos, se la practica desde Caín y Abel para acá.

Pero Dirk Henry no llegó a renunciar. O tal vez tenía en algún lugar de su auto la
renuncia lista, vaya a saberse. Lo cierto que una mañana de otoño del mismo año
en que "el General" anunció que "retornaría" gracias al "waiver" que el general
Alejandro Lanusse le gestionó (ante sus pares y ante parte de la sociedad argenti-
na) más precisamente el 22 de mayo de 1973, fue asesinado en las cercanías de
su casa, en calle 51 al 1687 en La Plata, por dos jóvenes que estuvieron más de
dos horas esperándolo, camuflados como mecánicos que intentaban arreglar un
Citroen a pocos metros.

Fue un asesinato a sangre fría. Cuatro balazos, a pocos metros de las ventanas de
la casa en la que convivía con su mujer y sus hijos. La noticia pasó inadvertida,
en esa época en que las noticias de atentados, bombas y asesinatos eran esa
parte del diario que aburría, de tan persistentes.

A apenas dos días de la asunción del "tío querido" Héctor J. Cámpora, el dentis-
ta generoso que aceptó ser un tubo de ensayo para propiciar el retorno del adalid
de la "justicia social" al poder, poco meses después, mediante su renuncia, nadie
quería mirar para atrás. Los diarios eran en tinta negra, afortunadamente. No se
dio el caso que "chorreen sangre" como se dice ahora.

Emitir un juicio sobre estos terribles asesinatos es temerario, aún hoy, cuarenta
años después. La guerrilla peronista, se dijo, había optado por una "guerra domés-
tica" contra la derecha y contra la "burocracia sindical".


Perón apuró el regreso no tanto como para llegar a la presidencia, sino para inten-
tar desviar el ascenso dentro de los sindicatos, de las facciones que sin pudor
alguno "tumbaban" a los "traidores", como explica Horacio Verbitsky en su libro
"Ezeiza".

Verbitsky, más lejos aún, asegura que los francotiradores de Ezeiza fueron capitanea-
dos por Adalberto Orbiso, el sindicalista que ¡Oh, casualidad! ocupó la silla vacante
 de Kloosterman. (Este señor Orbiso, hoy sigue caminando tranquilamente por los
pagos de Morón, como militante del "Frente Renovador" de Sergio Massa).


El mandato de Perón era "imponer orden" lo que traducido al lenguaje partidario
de aquellos tiempos significaba que a los que se oponían a la fórmula Cámpora-
Solano Lima debían ser perseguidos. Así, sin ponerse colorados. Tenemos que te-
ner en cuenta que la filial cordobesa de S.M.A.T.A. fue intervenida en la gestión
de Kloosterman, por "propiciar el voto en blanco".

Perón e Isabel no eran ajenos al devenir de este enfrentamiento entre su propia
tropa, es más, usaron maquiavélicamente a la "oprimida" derecha reaccionaria
para dar vía libre a fuerzas paramilitares, de triste recuerdo.

El "Comando Nacional" de las F.A.P. (Fuerzas Armadas Peronistas) se atribuyó
el "ajusticiamiento" de Dirk Henry Kloosterman con un detalle ("a las 12 y 35 del
día...") que hoy hiela la sangre.

Encabezaba el comunicado este párrafo:

  "Para lograr una patria sin explotadores, no alcanza en 
 depositar la confianza en nuestro líder. Hay que conver-
 tir esa confianza y (la) conciencia de clase obrera
 explotada en una organización capaz de enfrentar al
 enemigo y derrotarlo(...)

No hace falta ser perito ni experto en oratoria para encontrar similitudes en estos
insensatos vocablos con la futura dialéctica de los Montoneros, el E.R.P. y otras
facciones supuestamente revolucionarias -todas decían serlo aunque sus ideolo-
fías no tenían demasiados puntos de contacto, salvo el decálogo del General
en exilio- que años más tarde azotarían el país, en especial la zona del monte
tucumano.

Estas líneas tienen por finalidad rescatar del olvido a undirigente, entre los cientos
miles, que desde el puesto que la vida les dio, supieron entender de la importancia
de su cargo, por minúscula que parezca.

Traidor o no a la causa de los trabajadores, Dirk Henry Kloosterman dejó como
legado la adquisición de los terrenos del Centro recreativo del sindicato, el que
hoy lleva su nombre, en las inmediaciones de la ciudad de Cañuelas. Un
apeadero de ferrocarril lleva su nombre, en las cercanías de Alejandro Korn,
en la provincia de Buenos Aires, e incluso una calle lleva su nombre.

También fue fundador del hotel de turismo "24 de febrero" en la ciudad de Mar
del Plata, y de la hostería "17 de octubre" en la provincia de San Luis. Visto hoy
en día, con la Argentina pacificada, en la cual solamente una casta de privilegia-
dos puede hacer cosas que luego la acción de la justicia cataloga como "corrupción",
el caso de un dirigente sindical asesinado por acudir a pactar con el gobierno
de turno, parece incomprensible, un absurdo.

Una mancha, un error imposible de enmendar. Si hoy, grupos armados de
"patriotas" salieran a abatir a dirigentes, sindicalistas y funcionarios sospecho-
sos ¿Quién quedaría vivo?

Por eso decíamos al principio, fue un acto de barbarie. No es necesario ser
militar, gritar frases más o menos espontáneas con grandilocuencia blandien-
do en una mano una espada, ni morir de sífilis, o en la pobreza extrema, ni
fusilado por error (Liniers) ni sepultado vivo en alta mar (con los ingleses y
su sentido del ahorro nunca se sabe) para ser un héroe.


Los argentinos tenemos una deuda pendiente, no solamente con los generales
desobedientes como Monteagudo, sino con los minúsculos "don nadie" que
con su sangre, nos dejaron este país en el que puedes salir a la calle al atarde-
cer, tranquilamente, caminando por los parques, sin temor a que te pregunten
el nombre y a quemarropa, te disparen por pensar diferente.

Salvo excepciones, claro está, que confirman la regla.

@AleSpizzirri

Bibliografía:

(*) (1) y (2) Nota de Lucho Aguilar en www.pts.org.ar "Buenos muchachos. 
            La historia negra de la burocracia del S.M.A.T.A. 

Facsímil la tapa de la revista "Descamisados" y nota interior, de.
            ruinasdigitales.com/descamisado/henry-dirck-kloosteman

            (3) ibídice.

Para ver en You Tube el discurso de D.H.K. en un estadio:
           https://yotu.be/AbeiOZtlqcs

Para leer el pedido de justicia que en mato de 2013 SMATA formuló 
en su sitio oficial:
           http://www.smata.com.ar/novedades/secretarias/Prensa_y_Difusion/2013/22_de_mayo_Kloosterman.html



Apéndice del autor: (4) se refería a la representación de la C.G.T. que Dirk
                                      Henry Kloosterman ejerció ante el dudoso ente
                                      internacional C.I.T.I.M, auspiciado por EE.UU. y
                                      otros países desarrollados. No viajó por mandato de
                                      los trabajadores, sino por invitación expresa de los
                                      funcionarios del gobierno de facto.





lunes, 25 de mayo de 2015

Los grandes mitos del 25 de mayo que debemos desterrar

Cuando nos quieren hacer creer que "el Día de la Patria" es el 25 de
mayo, como habíamos citado en una nota anterior, lo primero que debe-
mos distinguir es la palabra en sí, "Patria". No tiene día, fecha, ni ven-
cimiento. En esta nota vamos a ver el montón de mitos que rodea a
esta dignísima fiesta cívica argentina, para refutarlos uno por uno.




Por definición etimológica "Patria" significa "país o comunidad natal o
adoptiva a la que se pertenece por motivos afectivos, jurídicos o históri-
cos". Por extensión, se denomina también a la tierra natal, o lugar de
origen. Comunidad que tiene en común un acervo cultural.

Incluso podríamos no ser originarios de un determinado "territorio" pe-
ro sentirnos parte de él (lazo afectivo) como si fuese desde siempre
nuestra patria. No la confundamos con "Pueblo" que es el conjunto de
habitantes de una población región o país, sin discriminar su lugar de
origen. En otras palabras, dentro de los integrantes de un "pueblo"
podríamos encontrar con connacionales, conviviendo con originarios
de otra Patria. Cuidado. Ejemplos tenemos muchos: Monteagudo, Azur-
duy, Brown, Liniers, Brandsen, etc. Ninguno de estos patriotas era
argentino.

Pero lo que hoy nos convoca al teclado es el famoso suceso de la "Revo-
lución de Mayo". Aclaremos que la Real Academia Española no quiere
mayúsculas en las fechas, pero en este caso se trata de un nombre propio,
un acontecimiento.

Con riesgo de cansar al lector de este blog, permitiéndonos ser reiterativos
en algunos casos, vamos a dar una hojeada, apenas por arriba, con una
decena de preguntas, digamos "folklóricas" o esenciales, para los que no
han tenido tiempo de abrevar en los libros de Historia, ensayos, correc-
ciones, revistas y notas de periodismo de investigación.

El mito del 25 de mayo nació de la febril, imaginación de un grupo de
noble gente, vinculada directamente a nuestra Historia, protagonista de la
misma, en otra época -por supuesto- que debía instalar (dice Felipe Pigna)
una versión romántica de los sucesos. Así es que Vicente Fidel López,
un historiador que entre otras cosas tuvo el privilegio de ser el hijo del
famoso Vicente López y Planes, y décadas más tarde Bartolomé Mitre
(ahijado de José Rondeau) fueron los encargados de dar el puntapié a
la "bola de mitos" que se transmitió de generación en generación.

Felizmente, en la década del '50 comienzan a aparecer los mal llamados
"revisionistas" de la Historia, que supieron originar -cada cual con su
propia polémica a cuestas- un movimiento que aún perdura, con ciertas
sinuosidades en su trayectoria, pero muy viva en la pluma de una genera-
ción de historiadores menos apegados a la rigidez académica propia de
esa respetable profesión.

Recopilamos entonces, las siete preguntas más relevantes.

¿Fue una Revolución la "Semana de Mayo" de 1810?

José María Rosa -descendiente del prócer- asegura que no. Si por el
término "revolución" entendemos un movimiento organizado con la
activa participación del pueblo, surge con claridad que no lo fue.

El "pueblo" de Buenos Aires, nunca mayor de 50,000 habitantes en esa
época, contando los "arrimados" - así se denominaba a los "mozos perdi-
dos" que formaban parte de la zona rural y se acercaban a la gran ciudad
portuaria, temporariamente...muchos años más tarde denominados despec-
tivamente "gauchos"- no participó.

Ni queriendo hubiese podido. Las invitaciones al Cabildo, que sesionaba
a principios de año generalmente, ese 22 de mayo se enviaron a "la parte
sana y principal del pueblo". Gente de probada capacidad y suficiencia
económica, instruída y con los impuestos al día.

O dicho de modo más crudo: Mujeres, indios, esclavos, vagos y atorran-
tes eran "persona no gratas". Estaban todos encerrados, temerosos, con el
mal recuerdo de las Invasiones Inglesas muy fresco todavía.


¿Y entonces, que fue?

Fue un golpe militar con apoyo civil. Nos duele decirlo, pero fue así. El
propio Coronel Saavedra -supuestamente debería custodiarlo- le retira el
apoyo al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros (un marino cartaginés, naci-
do en 1755, héroe de la batalla de Trafalgar, donde dirigió el "Santísima
Trinidad", recibiendo poco después - a pesar de la derrota- el grado de
Almirante) y éste al verse acorralado, formula su frase "Ya que el pueblo
no me quiere y el ejército me abandona, hagan Uds. lo que les parezca"...
o algo por el estilo.

En otras palabras, renunció tras fracasar el primer intento de "Junta provi-
sional de Gobierno en nombre de su Majestad Fernando VII" que no
sobrevivió ni a la rechifla, como todos sabemos.

La fuerza del ejército levantado a favor de las ideas de los "patriotas"(pa-
ra nosotros) o "sublevados" (para los españoles) fue determinante, en el
desarrollo de los sucesos.

¿Repartieron escarapelas French y Beruti?

Estos dos patriotas casi ni se conocían. Mayo los unió tras un ideal, como
a muchos de ellos. Los catalanes Larrea y Matheu. El hijo de vascos Mi-
guel de Azcuénaga, otro militar, como Domingo French.

Sucedió que ante el llamado de los comuneros al Cabildo Abierto, en la
inmensa zona de la "Plaza de la Victoria" (Plaza de Mayo hoy día) había
que instalar "filtros" para asegurarse que la votación se incline a favor de
los criollos.

Los "Chisperos" como se los denominó, eran los encargados de asegurar
que quienes se presentaran en la áspera sesión del Cabildo. inclinen la
balanza. ¿Cómo distinguir a que facción de las ideas pertenecían?

Se discute si fueron, blancas, celestes, amarillas o rojas, si tenían el escudo
de Fernando VII o no. Lo que sí está probado es que las cintillas eran de
dos colores distintos, para facilitar la "labor" de los chisperos. Los
documentos oficiales dicen que de los 251 invitados, asisitieron 224.
¿Sospechoso, no?

Por último, la escarapela, tal como la conocemos, fue instituida por el
Triunvirato en 1812. Mal que la podían repartir entonces Domingo
French y Antonio Beruti.


¿Había señoras de miriñaque, peinetas, con paraguas y guantes en las ma-
nos como nos muestran los cuadros?

Vamos por partes. El paraguas existía, pero era un elemento de lujo, que
solamente usaba una élite en contadas ocasiones. No era para reunirse con
"gente de cualquier clase" en un plaza llena de barro. Además, eran mucho
más pequeños que lo que hoy conocemos por tal. Un adorno casi, para
llevar a las tertulias un día nublado, digamos.

Las mujeres, como quedó dicho, no tenían ningún acceso a la vida política.
¿Suena temerario? No necesariamente significa que no pudieron haber esta-
do un puñado de damas de la época en la plaza, pero seguramente eran una
minoría.

Los peinetones fueron creados en Europa en 1828. Su instalación en la
mitología seguramente obedeció a razones comerciales, que hoy nos resul-
tan incomprensibles.

Las carretas de los cuadros, por ejemplo, se situaban en la otra mitad de
la plaza, detrás de la Recova, edificio que partía en dos la plaza, que fue
demolido en 1883 por orden del "progresista" Torcuato de Alvear.


Difícilmente podrían estar en las cercanías del Cabildo, edificio símbolo
del gobierno, en Buenos Aires y en cualquier lugar del mundo.


¿Fue el primer gobierno patrio?

Ése es el más lamentable de los mitos. En ninguna conclusión de las se-
siones del Cabildo figura que sería un gobierno autónomo, sino que la
"Junta  Superior Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la
Plata a nombre del Señor Don Fernando VII" , tal su verdadero nombre,
que para nosotros es "Primera Junta", reflejó un delicado equilibrio entre
las diferentes posturas.

El sólo hecho que en el nombre de la misma figure "el Señor" y no "Su
Majestad" -tácitamente no lo reconocían como rey, estaba preso- es todo
un triunfo en sí.

Pero a diferencia de la "Revolución de Chuquisaca" del 25 de mayo del
año anterior (1809) no habla de emancipación, autonomía, independencia.
No declara ninguna guerra, no se gobierna para sí mismo, sino "provisoria-
mente a nombre del Señor".

Fue el primer gobierno con criollos. Por eso proponemos desde esta
humilde hoja denominar el 25 de mayo como "Primer grito de libertad",
como los uruguayos tienen el "Grito de Asencio".

El Charcas, o Chuquisaca (actual Sucre "la ciudad de los tres nombres")
en cambio, salieron todos a gritar por la independencia, gran parte del
pueblo. Fueron aplastados, fusilados, desterrados. Sus ideólogos huye-
ron camuflados, y entre ellos teníamos a ardientes estudiantes de su
famosísima Universidad, como Mariano Moreno. Un claro ejemplo de
que "las ideas no se matan" como dijo ese general francés, del cual Domin-
go Faustino Sarmiento sería admirador.

Tampoco podía tener autonomía económica, como ya habrán deducido
los más avezados en  números.


¿Tienen algo que ver la mazamorra, el locro, las empanadas, el vendedor
de velas y el sereno, que forman parte del "folklore" de los actos escolares?

En una interesante nota aparecida en "Los Andes" de Mendoza, dos historia-
dores nos comentan sobre este aspecto. La mazamorra era una "comida de
segunda" de ciertos sectores. Obviamente que cada porteño no la iba a llevar
a su mesa un domingo, por ejemplo.

Las empanadas, eran lo que son. Una comida al paso, destinada para los que
por razones de trabajo, no podían sentarse a comer "como Dios manda". No
era el caso de un acaudalado comerciante, con dos o tres esclavos.

El vendedor de velas existía, aunque las mismas no eran de parafina, como
cada lector imaginará. Eran de cera y sebo, duraban lo que un lirio. Y las
que vendían en la calle, no serían de la mejor calidad, precisamente, Las co-
plas que se le añaden son pura tradición.

El sereno no existió hasta 1830 y era un precursor de lo que hoy significa
para la sociedad el metereólogo. Anunciaba la tendencia del tiempo. Lo
que existía era el encendedor de farolas en el centro. El Virrey Vértiz y Sal-
cedo fue el "iluminador de Buenos Aires". Presumiblemente, cada vela
debía tener un encargado de reponerla y eventualmente arrimar una llama a
su pabilo.

El locro es un plato originario del noroeste argentino. Ya había llegado pero
no era tan popular. Lo que está probado es que las clases bajas hacían los que
se denominaba popularmente "olla podrida" donde iban a parar carnes y verdu-
ras en modo aleatorio, una especie de guisado, con lo que había a mano en
la "Recova de la carne", que así le  decían al edificio que cumplía la función
de mercado público.

El mate existía, por cierto, aunque estaba mal visto "porque es cosa de vagos",
llegando hasta a prohibírselo en los años 1600 "para fomentar el trabajo". En
cuanto a las tortas fritas, llamadas en Chile sopaipillas (los mendocinos las
llaman así también) existían y no respetaban clase social. La única diferencia
con la actualidad es que se las freía con grasa, como aún se dice entre la gen-
te de campo "la verdadera no se fríe en aceite, eso es cosa de gringos".

Y así podríamos seguir con varias comidas, pero el fin de esa nota no es
activar jugos gástricos.


¿Es cierto que había dos bandos, "morenistas" y "saavedristas"?

Había varios bandos, no había una línea nítida que las diferencie. Se forzó la
aglutinación de ideas en dos bandos para poder llegar a un acuerdo provisorio.
La separación vino después, con el transcurso de los hechos, cuando se vieron
al frente de un caos financiero e institucional y tuvieron que improvisar
medidas.

Uno era partidario de lo drástico e inmediato (Moreno) y el otro un moderado
(Saavedra). Un abogado visionario versus un militar, que sabía que en ocho
meses España podría armar una flota y bombardear el fuerte de Buenos Aires.

Pero en Mayo, en los días de los Cabildos (Abierto y del otro) había tal
pluralidad de posturas que la sesión del Cabildo Abierto terminó casi cuando
despuntaba el alba. Resultado: 158 votos a favor de la deposición del Virrey
-dividido a su vez en dos bandos, 66 votaron para que sea el Cabildo quien
designe sucesor, y 92 para que sea el pueblo quien lo designe- y 66 a favor
de la permanencia de Cisneros en su cargo.

Además, todos conocemos las ideas de Belgrano (poner un descendiente de
incas) las cartas de Saavedra con la Infanta Carlota, que estaba en Brasil
lista para heredar el trono de Portugal en cuanto derroten a Napoleón o a
su hermano "Pepe Botellas", arrastrando con su capa todos los dominios 
que la corona española desdeñase.

La división en dos posturas netas es otro mito, para simplificar las ideas
revolucionarias, para agrandar a su vez la figura de Moreno, en desmedro
de Saavedra, que como se sabrá, murió pobre y olvidado en el destierro.
El eterno juego de las antinomias al que los argentinos somos tan afectos,
diría Borges.

En sus memorias, Saavedra ataca ferozmente a sus compañeros de la
"Primera Junta" poniendo en tela de juicio su supuesto "patriotismo".


Pero ¿Qué fue de ellos? ¿De dónde salieron? ¿Qué papel ocuparon
luego en la Historia , teniendo en cuanta que la Primera Junta tuvo
un efímero período de gobierno?

Ésta es la pregunta del millón. Algunos murieron prematuramente,
como Manuel Alberti, un abogado probablemente promovido por la
facción del obispo Benito de Lué y Riega (partidario de Cisneros,
cabeza visible de los conservadores...y no era para menos, recordemos
que la Iglesia era Registro Civil y Cementerio para los que podían
pagar estos servicios) con funciones en un convento y colegio.

Sabemos del final de Moreno, envenenado en alta mar para que no
alborotase más con sus sueños de autodeterminación. Larrea fue
un comerciante que proveyó de armas a la Revolución -según
Saavedra obteniendo pingües beneficios- pero posteriormente es
junto a Alvear, Brown y otros prohombres, uno de los creadores de
la Armada nacional. Se ocupó de reunir fondos, nada menos.

De French es conocida su trayectoria militar, estuvo en el sitio de
Montevideo en 1814, condujo refuerzos al Ejército del Norte en
1815 y debió marchar a Estados Unidos -con Dorrego- en 1817
por oponerse a la política del Directorio. Regresó a su ciudad natal
en 1819, en la que murió el 4 de junio de 1825 (se salvó de presen-
ciar el inicio de hostilidades contra el Imperio de Brasil, por
suerte).

Lo que pocos saben es que era el virtual "cartero de Buenso Aires"
que por su brillante defensa de la ciudad en las Invasiones Inglesas,
el Virrey Liniers ("el franchute Liniers") lo nombró teniente coronel
en 1808, La "Primera Junta" lo pone al frente del cuerpo de infante-
ría llamado oficialmente "de América" aunque todos le llamaban "de
la Estrella" por la estrella que los soldados llevaban en el brazo
derecho.

Por esas paradojas de los turbios tiempos de "las" revoluciones, a
French le tocó escoltar a Castelli cuando fusiló a Liniers y sus
secuaces en Córdoba. En abril de 1811, por apoyar al movimiento
en favor de los "saavedristas" fue desterrado a la Patagonia, como le
sucedería unos años más tarde al propio Saavedra.

Juan José Paso siguió prendido a los cargos públicos, su fama de
orador era merecida, cuentan las crónicas de la época.



Contar lo que fue de cada uno de los integrantes de la Junta nos
llevaría mucho tiempo y espacio. Lo importante es saber que no vivieron
el resto de su vida de los réditos de su accionar en los días de mayo de
1810. No se jactaron de nada, no hicieron autobombo en ningún acto
político, no aumentaron su patrimonio personal. Con eso ya basta.


¿Y el gaucho de bombachas y alpargatas?¿Donde encaja?

A esta altura de la nota, el amigo lector estará sonriendo, sospechando
de la respuesta. El "gaucho" entraba en determinados horarios a la
gran aldea y se iba por donde llegaba. Su presencia era forzosamente
necesaria, por sus productos, pero es incorrecto denominarlos así.

El "trenzudo" de las periferias, no participó del movimiento de Mayo
de 1810. Cuando los habitantes de los alrededores de Buenos Aires
se enteraron que los porteños habían hecho una revolución sin ellos...

¡Ay, Dios! Esa es otra historia: la "Revolución de las trenzas" o la
asonada de Joaquín Campana y sus secuaces, de abril de 1811. El
primer intento desestabilizador, motín, sublevación de masas, cada
facción le dio el nombre más defenestrador posible, según su propia
conveniencia. "Todo es depende del ángulo desde el que se mire", co-
mo decían nuestros abuelos.

El gaucho estaba muy lejos y era muy bruto, A tal punto que muchos
de nuestros próceres no querían elecciones (hasta los tiempos de
Sarmiento se pensó así) porque "el argentino no estaba suficientemen-
te instruído como para votar". Estaba crudo para votar ¿Estaba?

El argentino de hoy con sus votos "emocionales" ¿ lo estará?



@AleSpizzirri

rumboalpodio@gmail.com

Imágenes : los cuadros son del M.H.N. y la foto de las
                 "sopaipillas" de www.miabuelitaana.cl


viernes, 1 de noviembre de 2013

Raúl Ricardo Alfonsín, el político más grande que su propio mito

Se han cumplido 30 años de una elección, no del reinicio de la democra-
cia a la República Argentina (lo que ocurrirá el 10 de diciembre) y es mu-
cho lo que se habla sobre este comicio, sobre el gobierno de este impor-
tante estadista de la Unión Cívica Radical.


Hay hombres que el mito agiganta su real desempeño, y también, casos
como éste, el de "Don Raúl" ( a secas) como le decían en Chascomús,
en el cual el mito no refleja todo lo que le ofreció al pueblo argentino el
"primer presidente de la nueva democracia".

Se ha escuchado hasta el hartazgo que fue un gobierno vacilante, con me-
didas -como por ejemplo, la ley de "punto final"- que miradas a la luz de
la contemporaneidad, resultan ridículas, como obra residual de un pusiláni-
me. Nada más alejado de la verdad.

Reiteradas veces, los mejores intelectuales del país, lo más destacados
historiadores, señalaron el error de analizar la Historia sin situarse en el
"tiempo histórico" y las circunstancias que rodeaban a la respectiva época.

Las voces que se jactan de "pluralistas" en estos tiempos, quieren nimponer
una lectura tal que los jóvenes perciban que la democracia empezó en el '83
a consecuencia del denominado "Proceso de Reorganización Nacional", a la
que -para resumir- denominan "la Dictadura", negando el resto de la Historia,
tapando (como quien quiere tapar el sol con las manos) 53 años en los cua-
les la vida de los argentinos fue dominada por la altanería militar, "los salvado-
res de la Patria", salvo cortos períodos en los cuales se intentó gobernar....

Siempre con la respiración en la nuca de los tres mandos militares. Para empe-
zar, te cuento, era impensable en los '60 tomar una medida sin consultar a los
"asesores" que medían el humor del mando militar.

Arturo Frondizi, único caso en la Historia Argentina de un intelectual en el ma-
yor cargo (Sarmiento aborrecía de esos calificativos) o el desdichado Arturo
Illía podrían dar fe de ello. La realidad es que fueron gobiernos débiles,
pseudo-democráticos, a los que recién se puso fin tras las leyes que Alfonsín
garabateó nerviosamente, en plena sublevación de la denominada "Rebelión
carapintada". No volvieron a molestar los "salvadores de la Patria" desde
entonces, situándose en su lugar natural, el cuartel.

Por otra parte, tampoco se puede soslayar la derrota de la "Guerra de Malvi-
nas" (nombre pomposo que no se ajusta a la realidad, salvo la batalla de Pra-
do del Ganso, que inclinó la balanza para los mercenarios de la "pérfida
Albión") puesto que la apertura de las urnas, aquellas que unos meses antes
el tristemente célebre Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri, dejara que "estaban
bien guardadas"...fue consecuencia directa de la derrota.

¿De haber sido victoria hasta cuándo estaría en el poder esa porción de bien-
intencionados argentinos que le decían "civiles" al resto de la población, a los
que juzgaban "poco maduros" para elegir un gobierno democrático?


Yendo a la acción en sí, una de las primeras medidas del Presidente Alfonsín
fue cambiarle la cara al hasta ese entonces nefasto recuerdo servicio secreto,
la SIDE (Secretaría de Investigaciones del Estado) poniendo en venta a los
famosos "Falcon verdes" que son sinónimo de secuestro, tortura y muerte
aún en nuestros días.

El Dr. Sergio Adolfo Montiel se imponía en Entre Ríos, y un bigotudo y
toda vía de cabellos abundantes, peinados hacia atrás Jorge Pedro Busti,
comenzaba su rutilante trayectoria, al conquistar el "sillón de Zorraquín" ,
como le decimos los concordienses a la intendencia.

Tan vasta fue la obra del gobierno radical, que se torna difícil sintetizarla.
En materia de salud, se implementa un plan de asistencia consistente en
dierentes puntos de ataque a la pobreza y desnutrición.

La caja P.A.N. (Plan Alimentario Nacional) o el plan "Amanecer" (E.R.)
que obligaba a embarazadas al control periódico, a cambio de dos cajas
de leche - no era matenizada, dicen los detractores- por mes y por hijo.
En este último caso, por nombrar nada más una de las acciones del
gobierno del Dr. Montiel, que no fue tan malo como se cree.

En materia económica quizás no pueda ostentar las  mismas "medallas",
tras el fracaso del "Plan Austral" de Juan Vital Sourrouille, y sus reformas
posteriores, que derivaron en la estampida inflacionaria que hoy se cono-
ce como "el período de hiperinflación".


¿Cómo fue? Imagínate, un día vas con 100 australes a comparar un tarro
de leche en polvo para tu hijo, pero en el Supermercado te encuentras que
subió a 150, al otro día a 175, y dos días después 200. En poco tiempo,
el costo de lo esencial se cuadruplicaba.

Demás está contarte que el llamado a elecciones fue el salvavidas de plo-
mo para el bueno de Don Raúl Ricardo, que termina dando un paso al cos-
tado que nunca fue lo suficientemente valorado...

Le dejó el bastón de mando a un riojano patilludo, separado y vuelto a
juntar para la ocasión, que había basado su campaña en un slogan "Sígan-
me, no los voy a defraudar"....y una propuesta:  "Revolución produciva",
que por supuesto nunca se dio.

Pero esa ya es otra Historia. Lo que queríamos decirte es que la Democra-
cia -así con mayúsculas- fue un logro de 53 años de luchas, muertes, asesi-
natos a sangre fría, bombas, protestas, balaceras, traiciones, motines, tortu-
ras, desapariciones, "vuelos de la muerte" (la laguna cercana a Lucas Gonzá-
lez supo tener vuelos nocturnos que arrojaron en ella rellenos "non sanc-
tos") y todo eso que los neo-revisionistas de la Historia Argentina dicen que
ocurrió a partir del 24 de marzo de 1976.

Lo cual es cierto, pero también sus antecedentes, su estado larval, el "des-
pertar" de la lucha armada,  la errónea busca del poder "a toda costa" que
regó de sangre el suelo argentino durante más de una década.

Riego que tuvo como resultado esta flor, cada vez más vigorosa, pero aún
azotada por los vientos del autoritarismo, por el despiadado sol de popu-
lismo, ése al que tanto le temía Sarmiento.

Oportunamente trataremos esos temas. Esperamos retomar al tema Raúl
Ricardo Alfonsín, en pocos meses más. El tiempo se encarga de poner
a cada prócer en su lugar, sin necesidad de programas televisivos propa-
gandísticos ni marchas evocativas.



@AleSpizzirri

jueves, 26 de septiembre de 2013

Se cumplieron 40 años del crimen de José Ignacio Rucci

Esta imagen es de prueba. Disculpen las molestias. el sitio
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rediseñado.

Alex.