Se han cumplido 30 años de una elección, no del reinicio de la democra-
cia a la República Argentina (lo que ocurrirá el 10 de diciembre) y es mu-
cho lo que se habla sobre este comicio, sobre el gobierno de este impor-
tante estadista de la Unión Cívica Radical.
Hay hombres que el mito agiganta su real desempeño, y también, casos
como éste, el de "Don Raúl" ( a secas) como le decían en Chascomús,
en el cual el mito no refleja todo lo que le ofreció al pueblo argentino el
"primer presidente de la nueva democracia".
Se ha escuchado hasta el hartazgo que fue un gobierno vacilante, con me-
didas -como por ejemplo, la ley de "punto final"- que miradas a la luz de
la contemporaneidad, resultan ridículas, como obra residual de un pusiláni-
me. Nada más alejado de la verdad.
Reiteradas veces, los mejores intelectuales del país, lo más destacados
historiadores, señalaron el error de analizar la Historia sin situarse en el
"tiempo histórico" y las circunstancias que rodeaban a la respectiva época.
Las voces que se jactan de "pluralistas" en estos tiempos, quieren nimponer
una lectura tal que los jóvenes perciban que la democracia empezó en el '83
a consecuencia del denominado "Proceso de Reorganización Nacional", a la
que -para resumir- denominan "la Dictadura", negando el resto de la Historia,
tapando (como quien quiere tapar el sol con las manos) 53 años en los cua-
les la vida de los argentinos fue dominada por la altanería militar, "los salvado-
res de la Patria", salvo cortos períodos en los cuales se intentó gobernar....
Siempre con la respiración en la nuca de los tres mandos militares. Para empe-
zar, te cuento, era impensable en los '60 tomar una medida sin consultar a los
"asesores" que medían el humor del mando militar.
Arturo Frondizi, único caso en la Historia Argentina de un intelectual en el ma-
yor cargo (Sarmiento aborrecía de esos calificativos) o el desdichado Arturo
Illía podrían dar fe de ello. La realidad es que fueron gobiernos débiles,
pseudo-democráticos, a los que recién se puso fin tras las leyes que Alfonsín
garabateó nerviosamente, en plena sublevación de la denominada "Rebelión
carapintada". No volvieron a molestar los "salvadores de la Patria" desde
entonces, situándose en su lugar natural, el cuartel.
Por otra parte, tampoco se puede soslayar la derrota de la "Guerra de Malvi-
nas" (nombre pomposo que no se ajusta a la realidad, salvo la batalla de Pra-
do del Ganso, que inclinó la balanza para los mercenarios de la "pérfida
Albión") puesto que la apertura de las urnas, aquellas que unos meses antes
el tristemente célebre Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri, dejara que "estaban
bien guardadas"...fue consecuencia directa de la derrota.
¿De haber sido victoria hasta cuándo estaría en el poder esa porción de bien-
intencionados argentinos que le decían "civiles" al resto de la población, a los
que juzgaban "poco maduros" para elegir un gobierno democrático?
Yendo a la acción en sí, una de las primeras medidas del Presidente Alfonsín
fue cambiarle la cara al hasta ese entonces nefasto recuerdo servicio secreto,
la SIDE (Secretaría de Investigaciones del Estado) poniendo en venta a los
famosos "Falcon verdes" que son sinónimo de secuestro, tortura y muerte
aún en nuestros días.
El Dr. Sergio Adolfo Montiel se imponía en Entre Ríos, y un bigotudo y
toda vía de cabellos abundantes, peinados hacia atrás Jorge Pedro Busti,
comenzaba su rutilante trayectoria, al conquistar el "sillón de Zorraquín" ,
como le decimos los concordienses a la intendencia.
Tan vasta fue la obra del gobierno radical, que se torna difícil sintetizarla.
En materia de salud, se implementa un plan de asistencia consistente en
dierentes puntos de ataque a la pobreza y desnutrición.
La caja P.A.N. (Plan Alimentario Nacional) o el plan "Amanecer" (E.R.)
que obligaba a embarazadas al control periódico, a cambio de dos cajas
de leche - no era matenizada, dicen los detractores- por mes y por hijo.
En este último caso, por nombrar nada más una de las acciones del
gobierno del Dr. Montiel, que no fue tan malo como se cree.
En materia económica quizás no pueda ostentar las mismas "medallas",
tras el fracaso del "Plan Austral" de Juan Vital Sourrouille, y sus reformas
posteriores, que derivaron en la estampida inflacionaria que hoy se cono-
ce como "el período de hiperinflación".
¿Cómo fue? Imagínate, un día vas con 100 australes a comparar un tarro
de leche en polvo para tu hijo, pero en el Supermercado te encuentras que
subió a 150, al otro día a 175, y dos días después 200. En poco tiempo,
el costo de lo esencial se cuadruplicaba.
Demás está contarte que el llamado a elecciones fue el salvavidas de plo-
mo para el bueno de Don Raúl Ricardo, que termina dando un paso al cos-
tado que nunca fue lo suficientemente valorado...
Le dejó el bastón de mando a un riojano patilludo, separado y vuelto a
juntar para la ocasión, que había basado su campaña en un slogan "Sígan-
me, no los voy a defraudar"....y una propuesta: "Revolución produciva",
que por supuesto nunca se dio.
Pero esa ya es otra Historia. Lo que queríamos decirte es que la Democra-
cia -así con mayúsculas- fue un logro de 53 años de luchas, muertes, asesi-
natos a sangre fría, bombas, protestas, balaceras, traiciones, motines, tortu-
ras, desapariciones, "vuelos de la muerte" (la laguna cercana a Lucas Gonzá-
lez supo tener vuelos nocturnos que arrojaron en ella rellenos "non sanc-
tos") y todo eso que los neo-revisionistas de la Historia Argentina dicen que
ocurrió a partir del 24 de marzo de 1976.
Lo cual es cierto, pero también sus antecedentes, su estado larval, el "des-
pertar" de la lucha armada, la errónea busca del poder "a toda costa" que
regó de sangre el suelo argentino durante más de una década.
Riego que tuvo como resultado esta flor, cada vez más vigorosa, pero aún
azotada por los vientos del autoritarismo, por el despiadado sol de popu-
lismo, ése al que tanto le temía Sarmiento.
Oportunamente trataremos esos temas. Esperamos retomar al tema Raúl
Ricardo Alfonsín, en pocos meses más. El tiempo se encarga de poner
a cada prócer en su lugar, sin necesidad de programas televisivos propa-
gandísticos ni marchas evocativas.
@AleSpizzirri
